La historia de un ícono
En 1938, el catalán Antonio Bonet y los argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy diseñaban la bien conocida silla BKF, de acuerdo a las iniciales de los apellidos de sus hacedores. Se trataba de un sillón simple y práctico sostenido por una estructura de barras de hierro de 12 milímetros dobladas con cuatro puntos de soldadura y con una funda colgante en cuero natural o lona. Los tres arquitectos coinciden en 1937 en el estudio de Le Corbusier en París. Allí trabajaron un año desarrollando el Plan para Buenos Aires. Allí, también, seguramente, afloraron los primeros esbozos de la silla, algo que se plasmó un año después, cuando los tres jóvenes arquitectos se encuentran en Buenos Aires, fundan el Grupo Austral, un colectivo de arquitectos del Movimiento Moderno, formado por Bonet, Ferrari, Hardoy y Kurchan, entre otros. El Grupo Austral tuvo un rol fundamental y una gran influencia en el panorama de la arquitectura y el diseño latinoamericanos a partir de los años 30, a través de sus creaciones y sus publicaciones.
Un sillón para tirarse, no sólo sentarse
Es al día de hoy el diseño argentino más reconocido -y copiado- del mundo, conviertiéndose en un símbolo nacional. Plantea una ergonomía distinta a la de la época, de formas puras y de impecable geometría. Esta silla invita con su manera decontracturada a tomar distintas posiciones de descanso, incluso se puede usar en posición fetal.
En 1943, el BKF fue expuesto en las tiendas Harrods de la calle Florida en Buenos Aires , en el Salón de Artistas, y se le adjudicó el primer premio. Ese año, el influyente estadounidense Edgard Kaufman Jr, arquitecto, autor y docente compró dos sillones por 25 dólares cada uno. De estas dos sillas, una va a la Casa de la Cascada, en Pennsylvania, diseñada por el amigo de la familia Frank Lloyd Wright como vivienda de Kaufman; y la otra a la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Eduard Kaufman Junior tuvo la visión acertada de que el sillón sería extremadamente popular en los Estados Unidos de América, sobre todo en la costa oeste.
La influencia de la silla BKF y su versatilidad, invadió inclusive gráficas policiales de la época. Foto: neo2
Artek-Pascoe produjo la silla desde 1941 hasta 1948, enviando royalties a Argentina. Knoll Associates adquirió los derechos de producción a fines de los 40 y se han intentado acciones legales contra copias no autorizadas, sin ningún éxito.
El diseño BKF es de semántica minimalista, liviana, sutil, y atemporal, aceptada ampliamente en todos los contextos de arquitectura doméstica y pública. Como una escultura moderna imprime a los espacios su austeridad y confort. Además, su sencillez constructiva lo convirtió en uno de los pocos muebles modernos capaz de ser reproducido en forma barata y masiva. Cuenta con una estructura limpia y se puede lograr con una tecnología básica. Un herrero y alguien dedicado a la curtiembre es todo lo que se necesita para producir el BKF. Un clásico elegante, de formas puras. El BKF es sin duda uno de los diseños más imitados y por mérito propio, un embajador latinoamericano en cualquier lugar del planeta.
La muestra del MOMA que incluirá al BKF
El MoMA, Museo de Arte Moderno de New York, mostrará lo más destacado del diseño moderno hecho en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela.
“Crafting Modernity: Design in Latin America, 1940–1980” se podrá visitar del 8 de marzo al 22 de septiembre de 2024